Raúl Álvarez. La belleza erotismo y la sexualidad forman parte del cine
casi desde su nacimiento. En los primeros años de su historia, los pioneros del
séptimo arte no dudaron en rodar imágenes de hombres y mujeres haciendo
el amor que cotizaban muy caro entre la burguesía y las clases
pudientes. Ese deseo de filmar y explorar el impulso sexual cristalizó poco a
poco en un subgénero, el cine erótico, que no conoce fronteras y ha sido muy
fértil en países como EE.UU., Italia, España, Francia y Japón. A
diferencia del porno, que se recrea en el placer por
el placer, esta clase de producciones emplean los misterios de la carne para
ahondar en las obsesiones, deseos y frustraciones más íntimos del ser humano.
¿Cuáles son tus títulos favoritos, cuáles echas de menos y
cuáles creen que no son para tanto? Como siempre, estáis invitados a dejar
vuestras opiniones y comentarios.
El imperio de los
sentidos (1976)
A partir de un hecho real ocurrido en Japón en la década de
1930, el realizador japonés Nagisha Osima filmó una de las
películas eróticas más explícitas (y censuradas) de la historia. La trama narra
los encuentros sexuales entre el dueño de un hotel y una de sus empleadas, una
ex prostituta obsesionada con el sexo y toda clase de formas de placer sexual.
Nunca un coito llegó tan lejos ni fue tan "mortalmente" placentero.
El último tango en París
(1972)
Marlon Brando y Maria Schneider le
dieron a la mantequilla el más insólito e imaginativo de los usos en este
legendario título del italiano Bernardo Bertolucci. Paul, un hombre
recién enviudado, mantiene encuentros furtivos con la joven Jeanne en un piso
vacío de la capital parisina. En cada relación amorosa sube el tono, la
temperatura y la obsesión de Paul por sodomizar el cuerpo y la mente de la
muchacha.
Emmanuelle (1974)
Aunque la primera adaptación de la novela homónima de Emmanuelle
Arsan es un film italiano de 1969, le versión que batió récords de
taquilla en todo el mundo fue la francesa dirigida por Just Jaeckin y
protagonizada por la holandesa Sylvia Kristel. Los sectores más
conservadores de Francia y media Europa se combustionaron ante sus escenas
explícitas de sexo y masturbaciones, pero el público quería más y más y
más.
Instinto básico (1992)
Sharon Stone se convirtió a la
vez en estrella y mito sexual de la mano de Paul Verhoeven con
esta cinta que inauguró uno de los subgéneros más populares y taquilleros de
los años 90: el thriller erótico. Un poli con las rasgos de Michael
Douglas se encargaba de vigilar a Stone, en la piel de una escritora
de novelas sospechosa de haber liquidado a su novio. La escena del cruce de
piernas es un must en la historia del cine.
Nueve semanas y media
(1986)
Kim Bassinger saboreó la gloria
(y muchas más cosas) con la que quizá sea la película-modelo del erotismo en el
cine norteamericano. Elizabeth (Bassinger) y John (Mickey Rourke) mantienen una
serie de encuentros sexuales que aumentan de tensión y carga sexual a medida que
él se va obsesionando con el cuerpo de ella (lógicamente). La escena más
recordad es, sin duda, el striptease a ritmo de Joe Cocker.





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